El autor hace una revisión de textos tanto de Antiguo como del Nuevo Testamento para enfatizar la condicionalidad del alma. Primero, destaca la naturaleza de la muerte como cesación de la vida. Segundo, se apoya en ambos testamentos al considerar la muerte como resultado del pecado. Tercero, sólo Dios es inmortal, y el hombre lo puede ser sólo poniendo su confianza en aquel que es la vida y la resurrección