El presente número aborda diversos temas relacionados a la historia de la Iglesia Adventista y estudios de temática asociada a la escatología.
Las profecías muestran con mayor precisión el control absoluto de Dios en cada suceso de la historia humana; esto también incluye en la dirección de su pueblo. Un pueblo que levantaría su verdad y reconocería su origen profético y la misión por la que había sido llamada. Empezando con Martin Lutero y tres siglos después William Miller, finalmente un pequeño grupo de seguidores milleritas levantarían la verdad después de 1844 con la responsabilidad de predicar sobre “muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” Ap 10:11.
La visión de Am 9:1-10, siendo la última del libro y la más catastrófica, presenta la promulgación del juicio divino sobre el pueblo israelita. En un contexto de evidente desigualdad social y bonanza político-económica, el profeta Amós declara que las acciones del pueblo han provocado el juicio divino y nadie podrá escapar. El v. 1 es resaltante por su contenido e importancia al introducir la visión. En él se encuentran realidades del juicio escatológico y su profundo impacto sobre los seres humanos, quienes no están exentos de él y, tal como lo declara el profeta, les es imposible evadir la espada de Jehová.
En la literatura Apocalíptica aparecen alusiones de las imágenes de destrucción que provienen de los términos del Antiguo Testamento. Con respecto a este arreglo literario algunos eruditos se han referido al castigo como un evento eterno; en tanto que, la descripción del Antiguo Testamento no denota tal significado, sino más bien una aniquilación que ocurrió en la profecía clásica. Por consiguiente, para entender esta tensión se analizará exegéticamente el concepto de la destrucción de los impíos desde una perspectiva teológica veterotestamentaria en su relación tipológica con el castigo del tormento eterno en Ap 14:10–11. De esta manera, la interpretación de este símbolo contribuirá en la teología del juicio y la comprensión doctrinal del estado de los muertos.
La perícopa de Ez 47:6b-12 es una profecía clásica establecida para la nación de Israel. La visión de las aguas salutíferas presenta 4 bendiciones: sanidad, vida, abundancia y trabajo. Esto representaba la bendición que debía ser el pueblo de Israel para el mundo. Sin embargo, el pueblo de Israel no cumplió tal cometido porque se apartaron de Dios y pasaron a ser maldición en lugar de bendición. En la actualidad, el Israel espiritual (iglesia) está llamado a ser una bendición para el mundo. Finalmente, este texto tiene una conexión escatológica con Ap 22, como un anticipio de la exuberancia de la Tierra Nueva.
Existía una educación denigrante en el altiplano peruano a inicios del siglo XX, añadido a esto, unas condiciones insalubres, siendo la principal causa de esto, la opresión de un triunvirato nefasto: el clero, el gamonal y la autoridad. Sin embargo, la educación en el altiplano pudo florecer gracias al trabajo pionero de Manuel Z. Camacho y, posteriormente, el matrimonio Stalh. Ellos pudieron abrir escuelas en lugares muy peligrosos como Queñuani, creando un legado educativo imborrable.