Este estudio sostiene que en Fil 3:12-16, Pablo no define la perfección como impecabilidad moral, sino más bien como una madurez integral en proceso, que prepara al creyente moralmente y espiritualmente. En este sentido, el objetivo es descubrir cuál es el concepto de perfección paulina y resolver la aparente contradicción de si somos o no perfectos. A través de un análisis exegético-teológico del término griego τελειόω, se concluye que la perfección es un proceso continuo hacia la plenitud en Cristo; asociado con la justificación, santificación y glorificación del proceso de salvación.