El adventismo del séptimo día nunca se ha visto a sí mismo como una iglesia más, como si fuera solo otra denominación más, aunque con algunas creencias peculiares. En cambio, el adventismo desde sus inicios ha creído fervientemente que era un pueblo profético y que tenía un papel especial en los eventos finales de la historia del mundo. La pregunta que debe hacerse es cómo este entendimiento profético afectó la misión adventista. ¿La promovió o la desanimó? ¿Amplió el alcance de la misión o la redujo?