El desarrollo espiritual ha sido siempre un eje central en la educación adventista. Los propósitos educacionales han sido claramente delineados desde sus inicios por los escritos de Elena G. de White y la teología adventista. El crecimiento de las instituciones tanto numérico como organizativamente demandan una apropiada evaluación de los esfuerzos educacionales enfocados el desarrollo espiritual de sus estudiantes. El Plan Maestro de Desarrollo Espiritual (PMDE) debería reflejar estos propósitos. El proceso de búsqueda por hacer de la espiritualidad un factor relevante o el más trascendente en la educación adventista, y sin importar el nivel de educación al que se aplique, sigue siendo un desafío para los administradores, directivos, capellanes y profesores. Los principios filosófico-bíblicos del crecimiento espiritual requieren ser traducidos a la experiencia práctica de modo que la planificación permita establecer indicadores claros que puedan ser medidos y evaluados.