Existía una educación denigrante en el altiplano peruano a inicios del siglo XX, añadido a esto, unas condiciones insalubres, siendo la principal causa de esto, la opresión de un triunvirato nefasto: el clero, el gamonal y la autoridad. Sin embargo, la educación en el altiplano pudo florecer gracias al trabajo pionero de Manuel Z. Camacho y, posteriormente, el matrimonio Stalh. Ellos pudieron abrir escuelas en lugares muy peligrosos como Queñuani, creando un legado educativo imborrable.