Hay lugares donde difícilmente nos gustaría estar. La cárcel es uno de ellos. Son espacios que uno no visitaría dentro de su agenda de actividades personales; a menos que se tenga algún familiar o amigo cercano, privado de su libertad. Sin embargo, la Biblia pide explícitamente visitar a los encarcelados. La parábola del juicio de las naciones narrada por Jesús, desafía a la iglesia hacia un cristianismo práctico. La expresión: “… porque estuve en la cárcel y vinisteis a mí”, es una invitación a establecer en su iglesia un ministerio carcelario y/o realizar visitas periódicas y sostenidas en el tiempo. Seguir el consejo bíblico reportará no solo bendición a los que son visitados, sino fortalecerá la vida espiritual del feligrés y, por lo tanto, de la iglesia.